Ayer desaparecieron 15.500 MW de energía solar en una hora. Y el sistema eléctrico siguió funcionando.
Ayer ocurrió en España algo difícil de reproducir en cualquier laboratorio.
Durante el eclipse solar total, la producción fotovoltaica pasó de aproximadamente 16.000 MW a apenas 500 MW en alrededor de una hora.
Y no pasó nada.
El sistema eléctrico había sido preparado para ello y otras tecnologías respondieron para mantener el equilibrio entre generación y consumo.
Más allá de lo excepcional del acontecimiento, creo que deja una enseñanza muy interesante para cualquier empresa que esté pensando en energía, autoconsumo o eficiencia.

El futuro energético no consiste únicamente en producir más
Durante los últimos años hemos instalado cada vez más generación renovable.
Y debemos seguir haciéndolo.
Pero cuanto mayor sea el peso de tecnologías como la fotovoltaica y la eólica, más importante será nuestra capacidad para gestionar cuándo producimos, cuándo consumimos y qué hacemos con la energía disponible.
Ahí empieza una nueva etapa de la transición energética.
Una etapa en la que palabras como almacenamiento, monitorización, automatización y gestión de la demanda van a tener tanta importancia como los propios paneles solares.
Una instalación fotovoltaica puede hacer mucho más que producir electricidad
Imaginemos una empresa con una instalación fotovoltaica.
A determinadas horas puede producir más energía de la que necesita y, en otras, consumir energía de la red.
La solución convencional consiste en observar el balance al final del mes.
Una instalación inteligente puede ir mucho más allá.
Puede conocer en tiempo real:
- cuánto está produciendo;
- cuánto está consumiendo cada proceso;
- cuándo aparecen los picos de demanda;
- qué cargas pueden desplazarse a otro horario;
- cuándo interesa almacenar energía;
- qué equipos presentan consumos anómalos.
Y, sobre todo, puede actuar sobre parte de esos consumos automáticamente.
Antes de ahorrar energía hay que entender dónde se consume
Esta es probablemente una de las mayores oportunidades de eficiencia que seguimos encontrando en empresas.
Se plantean inversiones sin disponer primero de suficiente información.
Pero medir cambia completamente el diagnóstico.
Un analizador de redes, sensores y un sistema de monitorización pueden descubrir picos de potencia, consumos fuera de horario, desequilibrios, equipos funcionando innecesariamente o procesos que podrían desplazarse hacia las horas de mayor producción fotovoltaica.
Entonces la eficiencia deja de basarse en suposiciones.
Se basa en datos.
Y después de medir llega la automatización
Aquí es donde electricidad, electrónica y automatización empiezan a converger.
- Un sistema de gestión puede decidir que determinados procesos funcionen cuando existe excedente fotovoltaico.
- Puede limitar cargas para evitar superar determinada potencia.
- Puede regular iluminación en función de presencia y aportación de luz natural.
- Puede coordinar climatización, ventilación, bombeos, cargadores de vehículos eléctricos o acumulación energética.
- La instalación deja de ser un conjunto de equipos independientes.
- Empieza a comportarse como un sistema.
El siguiente paso será la inteligencia artificial
La automatización tradicional responde a reglas:
Si ocurre A → haz B.
La incorporación progresiva de inteligencia artificial permitirá añadir otra capacidad:
- Aprender del comportamiento de la instalación.
- Detectar que un motor está consumiendo ligeramente más que durante los últimos seis meses.
- Identificar patrones anómalos.
- Predecir determinadas averías.
- O encontrar oportunidades de ahorro que no resultan evidentes observando una factura eléctrica.
- No sustituirá a la ingeniería ni al mantenimiento.
- Les proporcionará información mucho mejor.
La transición energética entra en su segunda fase
Durante la primera fase hemos hablado fundamentalmente de generación renovable y eficiencia.
La segunda será mucho más interesante.
Tendremos generación distribuida, almacenamiento, vehículos eléctricos, edificios conectados y miles de cargas que podrán gestionarse.
Por eso creo que el concepto de eficiencia energética también está evolucionando.
Ya no se trata únicamente de consumir menos.
Se trata de consumir mejor.
Medir.
Decidir.
Automatizar.
Y aprovechar la energía en el momento en que más valor tiene.
El eclipse de ayer duró unas horas.
Pero nos permitió observar, de forma extraordinariamente visible, uno de los grandes retos tecnológicos de los próximos años.
La energía del futuro no solo tendrá que ser renovable. También tendrá que ser inteligente.























